#50: Enamorada y estúpida no son sinónimos
Por: Mónica
Soto Icaza
Sí. Yo
también sonreí cuando se me ocurrió la fantástica idea de que no por estar
enamorada debía actuar como una idiota, como quinceañera o como una mujer
necesitada de cariño. Sobre todo cuando soy bastante inteligente, ya multiplico
por dos los 15 años y me jacto de vivir las maravillas de la independencia
emocional. ¿Entonces qué me pasó? Tal vez que soy una de las millones de
mujeres educadas por La Cenicienta o la Bella Durmiente. Pero en realidad no me
gusta echarle la culpa a los demás de mis exabruptos, así que la mejor
alternativa que encontré fue analizar por qué creemos que decir las cosas en el
momento que se nos ocurren es la opción.
¿Quién
nos dijo a las mujeres que es mejor abrir la boca en el momento en que tenemos
el impulso de decir algo, que esperar y hablar con la mente más fría? Claro,
nos lo dice todo el tiempo la publicidad, las tradiciones, las otras mujeres.
Este
es el escenario: tuviste una tarde fantástica con el don dueño de tus
fantasías. Platicaron, comieron, quizás hicieron el amor, pero al salir de ahí
de pronto descubres en tus pensamientos ESAS palabras incómodas que en el
momento pasaron desapercibidas, pero que aparecen en tu memoria para bajarte la
adrenalina a los tobillos.
¿A
quién no le ha sucedido algo por el estilo? En ese momento sientes que te roban
el piso y el impulso de hacerle al don dueño de tu frustración pasajera todas
las preguntas del mundo, o de decirle lo que sientes.
Esta
es la estrategia: en esos momentos en que a una le duele todo, lo mejor es
darse un tiempo a solas. Platícate el asunto como si se lo estuvieras contando
a una amiga, como si no fueras tú quien se encuentra viviendo esa específica
situación.
¿Qué
le dirías a quien te esté contando lo que te estás diciendo a ti misma? ¿Qué le
aconsejarías? ¿Llevarías a la práctica tu propio consejo? Estas respuestas
constituyen un maravilloso parámetro para no perder de vista qué es lo que realmente
quieres, y por supuesto, si lo que estás a punto de desatar es una tormenta que
no merece pasar de llovizna.
De verdad. Recuerda siempre que se
atrapan más abejas con miel que con hiel. En vez de provocar un problema
innecesario, explora en tu interior por qué eso que te dijeron lastimó tu ego
al punto de querer explotar. Es importante saber si el problema es realmente
tuyo, o si simplemente la persona con quien estás no te da la debida
importancia, y si ese es el caso, entonces está en tus manos tomar cartas en el
asunto.
Ya basta de ser la víctima de todo.
Si alguien hace algo es porque quiere y no se valen reclamaciones posteriores.
Échate un clavado a tu propia mente, a tu corazón y encuentra tus propias
respuestas.
Y que no se te olvide: estás
enamorada, sí; estás feliz, claro; quieres pasar todo tu tiempo con él, por
supuesto, pero cada uno tiene su vida y siempre será mejor vivirla, porque así
se convertirán en compañeros, que a fin de cuentas es el objetivo de tener una
pareja.
¿Ya ves por qué digo que enamorada y
estúpida no son sinónimos?
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