“Yo quiero construir. Pero no soy sino una parte
insignificante pero
importante de un todo del que todavía no tengo conciencia.”
Frida Kahlo
Rebelde por naturaleza y
apasionada de la vida. Así fue Frida Kahlo, una de las mujeres más influyentes
en la historia de nuestro país. Podría asegurar que es hoy en día el rostro
femenino más evocado en el imaginario universal cuando se escucha la palabra
“México”.
Para las mujeres mexicanas Frida es más que una
representante de nuestro arte, y es definitivamente mucho más que la
esposa de Diego Rivera. Para nosotras su nombre es sinónimo de libertad, de
oportunidad, de trascendencia. ¿Cómo no ser fuente de inspiración, si en 1922
fue una de las 35 mujeres de entre dos mil alumnos del sexo masculino de la
Preparatoria Nacional de México?
Su
famosa frase “¿Pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar?” es un
reflejo de su espíritu guerrero. Después de haber sufrido poliomelitis en la infancia,
y el terrible accidente que la paralizó durante meses, a los 18 años, pudo
haber escrito una historia muy distinta para su propia vida. Pero ella optó por
lo extraordinario.
“Todo
puede tener belleza, aún lo más horrible”, dijo. Y vaya que hablaba con
conocimiento de causa. ¿Habrá alguna vez imaginado que lo peor que le había
sucedido, terminaría haciéndola trascender al tiempo? Su amor y pasión por el
gran compañero de su vida, Diego Rivera, también la coloca entre los amores
épicos del mundo, como el de Sartré y Beauvoir, Helena y Paris, Marco Antonio y
Cleopatra… A Diego le escribió cartas arrebatadas, sin censura, vivía su
relación como lo más hermoso y lo más terrible, pero lo que quiero rescatar es
esa franqueza ante la vida que ojalá nos atreviéramos a experimentar para
disfrutar del gozo que representa despertar cada día.
Cito
un fragmento de una carta: “Mi amor, hoy me acordé de ti. Aunque no lo mereces
tengo que reconocer que te amo. Cómo olvidar aquel día cuando te pregunté sobre
mis cuadros por vez primera. Yo chiquilla tonta, tú gran señor con mirada
lujuriosa...”
Definitivamente
los grandes amores hacen milagros, y así, entre los dos mayores accidentes de
su vida, encontró su camino. Pasaba tanto tiempo acostada que empezó a pintar;
pasaba tanto tiempo pintando sola que comenzó a pintarse a sí misma. Su gesto
en los autorretratos era siempre duro, sus imágenes impactantes, de
interpretaciones tan diversas como existen criterios, como se pueden encontrar
puntos de vista. ¿Quién no se ha parado frente a “Las dos Fridas” buscando algo
nuevo? ¿Quién no lo ha encontrado?
Para
André Bretón “El trabajo de Frida Kahlo es la mecha de una bomba”. Al
conocerse, la invitó a París a exponer. A esto Frida respondió: “Realmente no
sé si mis pinturas son surrealistas, pero sí sé que son la más franca expresión
de mí misma, sin tomar jamás en consideración ni juicios ni prejuicios de
nadie. He pintado poco, sin el menor deseo de gloria ni ambición, con la
convicción de, antes que todo, darme gusto y después poder ganarme la vida con
mi oficio”. Y más adelante apuntó: “Creían que yo era surrealista, pero no lo
era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad”.
Tanto
significa para las mujeres mexicanas porque rompió estereotipos. Su libertad
nos liberó a todas. Su arrojo nos puso a todas un pie al borde del abismo. El
testimonio de su vida nos hizo saber que hasta lo imposible puede cambiar de
realidad, porque fue la primera artista mexicana en exponer su obra en el Museo
de Louvre.
Termino
con una de las últimas frases que escribió en su diario antes de morir:
“Recuerda
que cada (tic tac) es un segundo de la vida que pasa y que no se repite, hay en
ella tanta intensidad, tanto interés, que sólo es el problema de saberla vivir.
Que cada uno la resuelva como pueda”.
Definitivamente en su
presente, Frida se pintó alas para el futuro.

